20 de Junio - Día de la Bandera Argentina

domingo, 8 de julio de 2012

LAS CRÓNICAS BORROSAS DEL 9 DE JULIO DE 1816

              
De acuerdo la convocatoria  a un Congreso Constituyente a efectuarse en la ciudad de Tucumán, realizada por el director interino del Estado Ignacio Álvarez Thomas, las provincias comenzaron  la elección de sus diputados en junio de 1815.
El 22 de agosto, la provincia de Buenos Aires elegía en comicios más o menos democráticos, los siete diputados que la representarían en el Congreso general. De ellos, cinco eran doctores en leyes y dos sacerdotes: Juan José Paso, José Darregueira,  Esteban Agustín Gascón,  Pedro Medrano, Tomás Manuel de Anchorena, y los religiosos fray Cayetano Rodríguez y Antonio Sáenz. Uno por cada 15.000 habitantes de la provincia. La  crónica borrosa señala que Darregueira, fue el único diputado fallecido durante las deliberaciones del Congreso cuando su traslado a Buenos Aires a su propuesta, en mayo de 1817.
Las instrucciones dadas a los diputados  de Buenos Aires el 12 de septiembre, primera curiosidad, nada decían sobre  la declaración de la independencia, pero sí sobre el dictado de una Constitución del Estado.
En las demás jurisdicciones se procedió a la elección de diputados siguiendo más o menos las mismas directivas, siempre cuidando la proporción de representantes según los habitantes.
Córdoba, pese a  sus fuertes simpatías con la Liga Federal de Artigas, optó por enviar sus representantes a Tucumán y adoptó el sistema de electores, los que eligieron a sus cuatro diputados de una manera menos popular.
En Mendoza, impulsado por la autoridad del general San Martín, gobernador intendente de Cuyo, la elección de sus cuatro congresales fue temprana. El 19 de octubre de 1815 en mensaje al Cabildo, San Martín insta la rápida partida de los diputados hacia San Miguel de Tucumán: Espera este gobierno que V.S. los invite a que lo verifiquen para el sábado próximo sin falta alguna.
Tucumán, que sería sede del Congreso, utilizó un procedimiento que originó la segunda crónica borrosa en torno al 9 de Julio. Autoridades, habitantes urbanos y campesinos, en este caso en un acto democrático y popular, se reunieron en la histórica Ciudadela el 30 de junio de 1815 y designaron sus representantes: los clérigos Pedro Miguel Araoz, José Ignacio de Thames y José Agustín Molina, más Juan Bautista Paz. Reunido ya el Congreso, éste rechazó la modalidad de elección, por lo que se tuvieron que efectuar nuevos comicios. Como Paz renunciara a su candidatura, nombráronse por segunda vez a Aráoz, Thames, más a Serapión de Arteaga, quien se negó a incorporarse como congresal; siendo Molina ante su frustrada elección, llamado por el Congreso a fin de que actuase como subsecretario.
En la ciudad de Salta, el 11 de diciembre de 1815, una Asamblea Electoral convocada por el gobernador, general Martín Miguel de Güemes, compuesta de 13 miembros, eligió  como diputados a los doctores en leyes José Ignacio Gorriti y Mariano Boedo, y al  coronel José Moldes. La crónica borrosa y curiosa es que en la Asamblea Electoral figuraba el médico de cabecera del general Belgrano, José Redhead y uno de los congresales elegidos: Mariano Boedo. La tercera curiosidad es que el coronel Moldes por su áspero carácter y sus discrepancias violentas con el diputado por Mendoza Tomás Godoy Cruz, nunca se integró al Congreso.
Las demás provincias, con escasa población, nombraron sus representantes sin inconvenientes políticos; no sumando más de tres diputados por jurisdicción.
De tal forma que al abrirse las sesiones el 24 de marzo de 1816, teóricamente  treinta tres diputados del pueblo estaban en condiciones de deliberar, aunque no todos llegaron a tiempo.
.¿Pero cuales eran las realidades políticas y geográficas  de las Provincias Unidas del Río de la Plata en ese magno momento histórico?.
El país no era otra cosa que una lengua inmensa de tierra que partiendo de una angosta franja soberana de la provincia de Buenos Aires, recorría la Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, Córdoba, las provincias  cuyanas, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Jujuy y el Alto Perú. Fuera de los límites que fijaban las jurisdicciones que cito, el resto de lo que luego sería la República Argentina estaba deshabitado o en manos de indígenas que no se integrarían por mucho tiempo al Estado. A esa situación se agregaba el ya casi desboscado inicio de las nefastas  guerras civiles.
Ante las condiciones ruinosas en que se encontraban los edificios públicos tucumanos, resultó un arduo trabajo la elección de un recinto donde el Congreso pudiera cumplir su mandato. Fue así bienvenida la propuesta que desinteresadamente acercara la matrona tucumana, señora Francisca Bazán de Laguna, ofreciendo su amplia residencia situada en la calle del Rey.  Se trataba de una construcción de finales del siglo XVIII, considerada como una de las más suntuosas de la ciudad, dueña de una fachada  de estilo barroco con columnas “salomónicas”. Esto de las columnas en espiral es otra de las crónicas borrosas en las que pocos  se han detenido: solo la Catedral de Santiago del Estero, posee tal aditamento arquitectónico en nuestro país.
Doña Francisca Bazán descendía de Juan Ramírez de Velazco, fundador de la ciudad de La Rioja. Durante las deliberaciones del Congreso, ocupó una casa contigua.
En esa realidad austera, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz, ultimó trabajosamente, por la pobreza del erario, los arreglos necesarios en la residencia para poder albergar a  los treinta y tres congresales. Así,  se echaron abajo paredes interiores a fin de ampliar la sala de sesiones, se compraron  cuatro docenas de sillas y media docena de mesas, más abundante papelería. Para que la iluminación artificial fuera suficiente, se le prestó debida atención a la adquisición de velas de esperma y aceite para lámparas; se seleccionaron las casas para hospedar a los diputados y se organizó el pago  de los sueldos a  los  representantes  de las provincias más pobres.
De ese modo llegó  aquel 24 de marzo de 1816, cuando con cañonazos, devoción y júbilo, los 21 diputados prestaron juramento.
Ese día al amanecer,  varios cañonazos despertaron a la a la población. A las 9 de la mañana los 21 diputados que habían arribado a Tucumán, se reunieron en la casa de doña Francisca Bazán de Laguna para elegir autoridades y prestar juramento; horas más tarde, asistieron a una misa en la iglesia de San Francisco y un día  más tarde al Tedeum. Durante cinco jornadas el pueblo festejó en las  calles la instalación del Congreso.
Las condiciones de rebeldía de algunas provincias, el estado de guerra en el Alto Perú, condicionaron el arribo de algunos diputados a la casona de la ya rebautizada por el pleno de los congresales presentes, como calle del Congreso.
Por ejemplo: la provincia de Chichas había elegido dos representantes: el sacerdote  José Andrés Pacheco de Melo y a José Fernández Campero, conocido como el marqués de Yavi. Éste, que luchaba contra las tropas realistas en el momento de su elección, fue tomado prisionero precisamente en Yaví y enviado a España vía Panamá, falleciendo en el camino.
La provincia de La Plata, designó al sacerdote Pedro Francisco de Iriarte que se integró a las reuniones luego del 9 de Julio, y a Jaime Sudáñez, quien recién se incorporó cuando el Congreso se estableció  en Buenos Aires en 1817.
San Luís nombró a Juan Martín de Pueyrredón quien tuvo que abandonar el recinto antes de la Declaración de la Independencia, al ser designado por el Congreso Director Supremo. Tampoco estuvo presente el diputado  por Córdoba,  Miguel del Corro, nombrado diputado ante José Gervasio de Artigas.
Fue así que de los treinta y tres diputados, solo veintinueve participaron de la sesión histórica del 9 de Julio.
Las crónicas borrosas y curiosas: Tres provincias que hoy forman parte de la Nación, no participaron del Congreso: Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe, integrantes por entonces de la Liga del Litoral liderada por Artigas, quien se mantenía en franco enfrentamiento con el gobierno central de Buenos Aires.
Tres provincias que no integran en la actualidad la República Argentina, estuvieron presentes el 9 de Julio firmando sus diputados el Acta de la Independencia: Charcas,  Chichas y Mizque y una, La Plata, que estuvo representada luego de la fecha Magna. Por último, una sola provincia que por entonces formaba parte del país y que en la década siguiente lo abandonaría, no estuvo presente: la Banda Oriental.
Gracias a cartas y diarios personales, podemos hoy acentuar los contornos de aquellas crónicas borrosas que nos hablan de lo acontecido en la sesión  del 9 de Julio de 1816, y de los  juramentos y fiestas que siguieron a nivel popular en algunas ciudades argentinas.
La misma noche del martes 9 de Julio, el diputado por Buenos Aires, José Darregueira escribía a Tomás Guido contándole lo acontecido durante esa jornada en la antigua calle del Rey:
Después de una larga sesión de nueve horas continuas desde las ocho de la mañana en que nos declaramos en sesión permanente hasta terminar de todo punto el asunto de la Declaración de nuestra suspirada independencia, hemos salido del Congreso cerca de la oración con la satisfacción de haberlo concluido, y resuelto de unanimidad de votos nemine discrepante a favor de dicha independencia que se ha celebrado aquí como no es creíble, pues la barra, todo el gran patio, y la calle del Congreso han estado desde el mediodía lleno de gente, oyendo lo que podían los debates,  que sin presunción puedo asegurar a Ud. que han estado de lo mejor.
Por esos días estuvo en Tucumán el militar sueco Jean Adam Graaner quien tuvo la fortuna de ser testigo de la jura del Acta de Independencia.
El 25 de julio – escribe - fue el día fijado para la celebración de la independencia en la provincia de Tucumán. Un pueblo innumerable concurrió en estos días a las inmensas llanuras de San Miguel. Más de cinco mil milicianos de la provincia se presentaron a caballo, armados de lanza,  sable y algunos con fusiles; todos con las armas originales del país, lazos y boleadoras. La descripción de estas últimas (las boleadoras) me obligaría a se demasiado minucioso, pero tengo ejemplares en mi poder.
Las lágrimas de alegría, los transportes de entusiasmo que se advertían por todas partes, dieron a esta ceremonia un carácter de solemnidad que se intensificó por la feliz idea que tuvieron de reunir al pueblo sobre el mismo campo de batalla donde cuatro años antes las tropas del general español Tristán  fueron derrotadas por los patriotas. Allí juraron ahora, sobre la tumba misma de sus compañeros de armas, defender con su sangre, con su fortuna y con todo lo que fuera para ellos  más precioso,  la independencia de la patria. Todo se desarrolló con un orden y una disciplina que no me esperaba. Después que el gobernador de la provincia dio por terminada la ceremonia el general Belgrano tomó la palabra y arengó al pueblo con mucha vehemencia prometiéndole el establecimiento de un gran imperio en la América meridional.
En Salta, el 7 de diciembre de 1816, en un acto público en la Plaza Mayor presidida por el gobernador general Martín Miguel de Güemes, al decir del historiador Antonio Zynny, se celebró y proclamó solemnemente la jura de la independencia, habiéndolo practicado desde el gobernador hasta el último ciudadano.
En Buenos Aires, “El Censor” dio la importante noticia el jueves 25 de julio, el mismo día de la Jura en Tucumán. En primera plana, con un título tipo catástrofe en gruesos caracteres, tan común en los diarios de un siglo después, se leía INDEPENDENCIA.
El memorista Juan Manuel Beruti anota en su Diario: El 16 de julio de 1816: se echó por bando en público de haber el soberano Congreso declarado la independencia total de estas Provincias Unidas de la  España (…) por lo que se mandó, con ésta plausible noticia, hacer tres salvas de artillería y repique general de campanas una a las 7 de la mañana de este día en que llegaron los pliegues del Congreso soberano, otra a las 12 del día y la otra a las oraciones. Siguiendo 10 días consecutivos de iluminación general en la ciudad a la noche, en las cuales hubo música por todas las calles y plazas,  vivas y aclamaciones de alegría general,  aumentando el que las tropas con sus fusiles y cañones disparaban por todas las calles, con vítores y regocijos en señal de nuestra libertad e independencia de la tiranía y despotismo español
El 13 de septiembre fue el día elegido en Buenos Aires para la jura de la Independencia. Se realizaron las ceremonias, a las que concurrieron el Gobierno y las corporaciones eclesiásticas, civiles y militares, en la Plaza de la Victoria y en la de la Residencia y al día siguiente, en las de Montserrat y San Nicolás.
Cuenta Beruti que las calles estaban adornadas con diversas colgaduras de mucho gusto, los tablados muy hermosos y las tropas de caballería e infantería con sus músicas y banderas, que iban al la vanguardia y retaguardia de las corporaciones, siendo de advertir que nunca se ha visto función en esta capital de mayor esplendidez y concurso.
Se sucedieron por tres días los bailes, corridas de toros, danzas, comedias, estando la ciudad iluminada, esmerándose cada vecino en adornar los frentes de sus casas. Todos los edificios públicos se cubrieron de luces con hachas, faroles y vasos de colores. Agrega Beruti: (…) a las que  acompañaban los castillos de fuego, arcos triunfales, estatuas,  pirámides supuestas y otros adornos de singular idea.
Los barcos surtos en el puerto se mantuvieron empavesados, e iluminados a la noche, daban gusto y complacían la vista al mirarlos, pues en el río parecía un volcán que salía de luz entre las aguas  
Se sucedieron también las salvas de artillería de la fortaleza y la marina.
José Manuel Beruti concluye sus comentarios diciendo:
Sólo diré que en el reino más poderoso no se hace jura a un soberano con mayor magnificencia y lucimiento que la que ha hecho Buenos Aires en la declaración de su independencia.

                                                                                          Carlos Horacio Bruzera
                                                                                 Jueves 5 de julio, en Buenos Aires.

¡Gracias Carlos, querido confraterno...!!!

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